La Coctelera

ni

Ya ni las conversaciones mentales me conmueven.
O la abstracción es total o llegó el minimalismo al cerebro y planea quedarse esta temporada.
Busco al tiempo fuera de los relojes.
Hay una larga fila de puntos suspensivos como hormigas que intento seguir pero no llego nunca al hormiguero.
La obviedad vestida de cucarachas rondando la cocina, apoderándose del espacio.
Exigen guantes para todo. Uno que calce a la lengua, otros para manos, hormonas, oídos y pies.
Hinchada de espacio y tiempo nacen burbujas en los talones.
Uno juega a derrumbar casas mientras otro apaga el polvo con agua.

Voluntad y casualidades

El mosaico es la unión de piedras que se atraen,
al azar del artista.
Hay afinidad entre los pedacitos que, deliberadamente –o no- se unen.
En algún momento surgieron con carácter de ser algo diferente,
cuando la voluntad final era ser parte en esta alianza.

Sos un mosaico.
Unión de muchas piezas,
con atrevimiento de ser otra cosa,
aunque terminan formando tus huesos.

Yo también.
Cada pastillita quiso ser una taza,
una botella,
la copa que sirvió de contenedor al cava de fin de año.
Una baldosa.
Quise ser hormiga,
caminar con seis patas,
llevar la hoja y acabar en la suela de tu zapato.
Nací con intención de ser el platito que se moja gradualmente
con el café de tu taza.
Mi ojo es el círculo en el que descansás.
Es allí cuando cierro el párpado,
me acuesto a dormir.

Parece casual el que hoy formemos parte del todo.
Meta-representación / Mosaico del mosaico.

El plato,
la taza,
la copa,
están hechas de granitos de arena,
que una vez los pies de la hormiga pisaron.

Puzzle causal.
Una mano coloca los fragmentos con un principio de orden particular.

Juego de ajedrez,
donde las piezas estratégicamente se colocan para ganar la partida.
Me como al rey / Jaque mate.

Hoy, soy yo quien mueve las fichas.
Son mis piedritas, escupidas por el mar, que forman mi mosaico.

La baldosa que abrigó tus cafés frente al fuego, hoy son mi obra.

Sos/soy todos los personajes.
Hacedor, artesano, artesanía, hecho.

Da igual quién creara a quién.
Lo fundamental: creértelo.

Soy la hormiga,
la copa,
el plato.

Vos: la taza.
Nosotros: un mosaico.
Dos. Se conjugan. Se atraen. Se multiplican. Se unifican.
Tres es igual a dos que terminan siendo

uno.

...
[ Vos:
Siempre hay un interlocutor que escucha.
Voz.
Porque emite un juicio.
El que no escucho, pero lo pensás.
Y no te hablo, aunque igual sí.
Pero me escuchás.
Silencio.
Quiero la ambigüedad al ver(te)
No oír(te) sino dibujar la escalera en espiral...
Tocar el susurro de tu piel cuando me mira,
degustar ese olor inconfundible]
...

Viejito dientes de madera

Sentado esperaba con su bastón cargando un cigarro a la boca bien masticado que teñía sus dientes y hacía más abierta y limpia sí dispuesta a su sonrisa de viejito amigable con rodillas quebradas en el rincón donde digo y pienso y no hablo y me escucha no a mi pero a mi piel que son poros hablando de sudor y cuesta arriba aunque de descanso para tomar agua y más tarde vuelvo a sudar más agua más sed y el nativo continua escuchando pero ahora mueve los labios rompe la línea recta que envuelve el tabaco deja de lado las hojas secas enrolladas entre sí se acomodan en la comisura de los labios que llenos de sangre se hinchan modulan y mueven y llega a mis oídos el pentagrama de sonidos que sólo cerrando mis ventanas pensé escuchar mientras estos ojos bien abiertos leen esos labios mojados de saliva y ven las letras en forma de imagen de que todo está bien porque hoy está bien que sudes y tu piel se queje pero mañana vas a seguir con esa misma piel a veces húmeda a veces seca con la miseria como granos de tierra entre arrugas de tanto poner buena cara y fruncir el ceño o es que no entendés siempre lo que pasa aquí y querés qué querés qué quiero sólo sentarme en este rincón morder la hoja que tiene más hojas lanzar el humo y escuchar y que me escuche este viejito que con sus dientes de madera cada vez está más claro cada vez más humano por eso hoy me siento en el banquito y dejo que mi piel hable.

Hoyyo[h]soyYO[s]y mñn tb.

Soy un juguete y te puedo matar. Es el primer cliché y ya te maté. O, más bien, morí en el intento. Intento otra vez?

Sin embargo, el candelabro.

Hoy es un día como cualquier otro. De noche. La nada es la señora de la cotidianeidad y el candelabro. Se enciende, crea vicio, se apaga. Se va. Una mano enciende la mecha de la vela que ha sido puesta en el candelabro que siempre estuvo allí.

La sombra, sin embargo titila.

Un hombre sube las escaleras. Se hace pequeño para entrar a la puertita de sombra en la pared. La luz queda fuera. El candelabro no pertenece a este mundo. En esta ratonera hay compartimentos hechos con cajas. Este hombre trabaja allí. Escribe y escribe. Alza la mirada y sus ojos, atravesando el vidrio, miran más grandes, más redondos, más de botella a estos de venado asustado.

Sólo hoy es el día de este hombre. De noche. Los brazos con dos dedos con dos ojos se comen las palabras, todo lo escrito y escrito. Succionan la puerta.
El hombre escapa. Titila y se va.

Sin embargo, el candelabro.

historia de mujeres

Se habían juntado el hambre y las ganas de comer, y resulta que la chica llora porque el chico la ha dejado y su corto se estrena mientras ella recapitula los episodios del día. La fuente, el gato en el camino, mirando a la chica que mira a los chicos que la miran a ella y al perro que se acerca que todavía no ha visto al gato que ahora mira a un coche que mira a otro que no me mira.
Qué hacer cuando no hay que hacer nada. Vi más fuentes, las palabras e ideas eran tantas como las flores griegas, salidas del Olimpo, las del olor a pan recién hecho, a hogar. vi un puente y una calle cubierta de verde que pasaba por debajo y me dije: ‘por ahí quiero pasar’ y pasé. Me compré un ticket al Bagdad Café, entre Las Vegas y Barcelona.
Es tarde y el ego pulula por ahí... las ideas están revueltas con tanta calor. Historia de mujeres. Como yo, como mi sombra, mis recuerdos.
Tenía tantas ideas, tantas palabras pensadas, y ahora son silencios. El eco todavía vibra en la garganta, la mente fue a tomarse una tila. la chica cierra el chiringo.
Jueves22/julio’04

saludo al sol particular

Buen día padre Sol, buen día hermana Luna que ahora no te veo. Buen día madre Tierra. La Pacha Mama es aquí más mediterránea, no tan roja sino blanca, negra y azul. Hoy veo, desde la ventana del coche, una palmera Real y quiero sentir el olor a flor de coco que supuestamente me llega con el aire frío de aquí: vivificante.

Mis palabras no son ni siquiera las acertadas. Tratando de ser consciente y estar en el ahora, hay una ráfaga de pensamientos que se escurren

y se me caen por los tobillos.

Estoy de pie, sobre mi monolítico tótem particular de piedra naranja de desierto colorado de esa Tierra que ahora ya no es tan desconocida, más bien es recordada, y hoy pasa por aquí, cerquita nomás de mi músculo verde tuna; y yo, sentada encima, con mis piernas cruzadas, la izquierda sobre la derecha, un arco iris como media sonrisa, media Luna durmiente; y yo, allí como una flor.

Natividad

En este valle de pasto y agua los peces demostraron ingenio para llegar. Nacen, viven y mueren al borde del camino mientras un kavureí desde su poste de luz, ve al polvo pasar como aliento pesado invadiendo el campo.
Los takurúes se alzan accidentando la geografía donde un toro sin un cuerno pasta.
A Dalmacio la naturaleza le pintó un ojo y Dalmira es ese papel con un montón de gotas de tinta encima.
Dalmacio tiene abierta la herida que Dalmira con paciencia le lame. Luego de andar tanto, pasar lianas enredadas en pasto de tréboles, troncos caídos, árboles y raíces abiertas que desnudan intimidad; estos manchones de negro sobre blanco hunden sus hocicos en el charco que ya es arroyo de lluvia en los humedales.
Helechos de brazos verdes se saludan y dan abrazos con el viento, dejan ver así como una tela de araña enciende sus hilos al sol, intentando atrapar a alguna mosca desprevenida.
Las urracas eligieron una rama cada una y se pusieron a charlar todas juntas, pero a los cebúes nada parece importarles. Con esos ojos de vidrio sólo miran lo que tienen enfrente.
Dalmacio descansa ahora, mientras una mariposa prueba sus alas desde una hoja.
Hay árboles de raíces casados hace tiempo ya, son hoy inseparables.
Las ovejas en rebaño evangélicamente pasean dando idea de tiempos de fábula y la familia de Dalmacio y Dalmira pareciera que escaparon hace bastante a Cruela.
Son curiosos como gatos, aunque acá no hay ni uno.
Andan en patota y hasta se pelean entre sí, pero luego la perrada sigue junta y juntos se dan calor, lamidas y alguna que otra cosa más.
También hay palomas que parecen pavos, al volar relinchan como caballos y no traen paz.
El viento hamaca a la hamaca con sus pompones entregados meciéndose de un lado a otro.
De siesta todo se mueve en cámara lenta. Hasta mis pasos están cansados. El barro en el camino dibujado por tanta huella se queja al paso de tantos zapatos.
Dalmira todavía no encuentra acomodo y luego de unas vueltas, mover la cola y morderse alguna pulga termina rendida sobre las baldosas calentitas por el sol.
Las urracas se turnan ahora para conversar. El viento trae vagos mugidos del campo y algunas vacas toman sombra.
A la tarde el aire granulado se condensa y las imágenes capturadas en la retina son postales que unidas forman cine mudo.
Dalmacio mueve la cola, acerca la nariz mojada y lanza un ruido parecido a un pedido de afecto. La pastura habla y Dalmacio escucha. Unos mimos detrás de la oreja y baja la cola, no opone más resistencia. Baja el sol, para la oreja, se pierde en el pastizal y los teros alzan vuelo.
La pequeña sabana de América muestra sus colores. Pasto como azafrán. Motas negras en un blanco con tierra de Dalmacio y Dalmira que estéticamente pasean. El monte verde oscuro y mis deseos a esa naranja que se va escondiendo, que se va perdiendo en el horizonte.
Todo pasa y no aquí en Natividad mientras rodeada de sombras como árboles en círculo me zambullo en el tajamar de lucecitas de estrellas.
Olor a verde, sonido a campo y el viento fresquito que no despeina.
Nuevamente la velita alumbra la ventana, una guitarra hace cosquillas al oído y Dalmacio y Dalmira ladran a la oscuridad.
El humo escapa a la llama y las estrellas se quedan atascadas en los ojos. Me los arrancaría hoy, guardaría imágenes, hojas, raíces, troncos, estrellas, Dalmacio y Dalmira, envolvería todo esto y te lo daría.

Kavureí: Lechuzas pequeñitas que son muy comunes en el campo paraguayo, y que en guaraní –lengua nativa de uso oficial en Paraguay – significa lechuza.
Takurúes: hormigueros que forman como pequeñas montañas que pueden llegar a ser bastante altas.
Cebúes: ganado vacuno. Es una raza o tipo particular de ganado, de piel blanca y con una joroba.