Se habían juntado el hambre y las ganas de comer, y resulta que la chica llora porque el chico la ha dejado y su corto se estrena mientras ella recapitula los episodios del día. La fuente, el gato en el camino, mirando a la chica que mira a los chicos que la miran a ella y al perro que se acerca que todavía no ha visto al gato que ahora mira a un coche que mira a otro que no me mira.
Qué hacer cuando no hay que hacer nada. Vi más fuentes, las palabras e ideas eran tantas como las flores griegas, salidas del Olimpo, las del olor a pan recién hecho, a hogar. vi un puente y una calle cubierta de verde que pasaba por debajo y me dije: ‘por ahí quiero pasar’ y pasé. Me compré un ticket al Bagdad Café, entre Las Vegas y Barcelona.
Es tarde y el ego pulula por ahí... las ideas están revueltas con tanta calor. Historia de mujeres. Como yo, como mi sombra, mis recuerdos.
Tenía tantas ideas, tantas palabras pensadas, y ahora son silencios. El eco todavía vibra en la garganta, la mente fue a tomarse una tila. la chica cierra el chiringo.
Jueves22/julio’04
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La cajita me vacila, dijo ella. La desarmó por completo, extendió el cartón sobre la mesa y, ante esa nueva hoja en blanco, padeció de dolor.
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todos los volúmenes serán míos · tengo ideas en fuga · sonatas a destiempo · suspiros acompañando una sopa de cebollas · la madre de mis ideas parece radicar en las profundidades de mis lagrimales · vienen en el mercado del barrio, frente al semáforo de la plaza de la esquina de casa, en el baño de mujeres con muchas dentro, frente al guardia o portero de turno. Y cuando sí, no.
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era ella la de las grandes hazañas. La de los actos milagrosos, imposibles. Ella era el personaje que respondía a yo cuando se miraba al espejo.
Veía sus ojos y esos pelitos en la nariz. Veía sus pecas y ahora se lima las uñas del pie.
Ella, la de las abruptas expresiones espontáneas, un día colgó las riendas, los guantes, se sacó las botas, tiró la toalla, se rasgó las vestiduras, dejó correr el velo, hundió sus pies en el agua y abrió los ojos debajo. Ahora vería el techo y allí: la respuesta.
BLANCO.
Era el vacío. No había nada. Ni una mancha. Unas burbujas se veían acopladas a sus pestañas. Ella no las ve. Las veo yo.
Hay inseguridades, pero yo está más fuerte ahora, se mira más al espejo, y la luz que le devuelve es naranja. Todo lo demás en su vida: verde.
Yo se baño en un lago verde con un guapo de ojos verdes y un coche azul.
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