Mientras, me siento a ver la gente pasar como fauna de un zoo.
Está la guerrera, con pantalones y t-shirt camufladas. Viene acompañada de dos hombres espía, al estilo guardia personal.
Destrocé un peanut. Lo partí en dos y no me dio nada.
La Maria Enriqueta con sus colores de siempre, un arco-iris mal organizado, sin gusto completamente, cansada e histérica, va por la vida creyéndose milagrosa, chamánica supuestamente, pero solo es otra más que en algún momento vio la luz y quedó estrellada.
Benito es el amor... sin algunos dientes, él igual ríe. Va repitiendo el mismo piropo sistemáticamente siempre que te ve. Y te cambia el nombre...
La gente va de ‘bio’ aunque te putéen si les pisas la zapatilla sin querer... quién no ha practicado civismo a la luz de un semáforo? Quién???
La típica gringa-giri-american blonde sentada a lado mío, con un color en la piel cercano al gazpacho que está tomando ,ahora agarra el tenedor con ese aire supuesto pijo-culí pero que termina estando mal igualmente (según las normas de buena conducta y no se que más que tannnnto nos enseñaban...) yo por eso, ahora como con palitos.
Ahora abre un huevo, mientras parto otro maní (o cacahuetes, vamos...) la rubia-insulsa intenta adentrarse en las profundidades de una yema amarilla, saturada de colesterol. Yo intento llegar al karakú de la cuestión: el conocimiento. De qué?, no? y qué más da de qué? Si lo interesante-divertido-apasionante y vital está en ese viaje, en la búsqueda, en el PROCESO.
Si todos nos vamos finalmente, la cuestión está en COMO. Cómo lo atravesamos? Cómo lo vivimos...
El zoo se ha agrandado!
Hay un ex-convicto hablando con un delincuente en la cola para pedir el menú del día. Me quedaba un último maní y ya me lo comí, la blonde se ha ido y un fotógrafo un poco pesado, canoso y con la marca de un bigote inexistente me da pie para comenzar una charla filosofo-existencial que no va tanto con la hora de la siesta.
El chico confundido, desleído, desteñido, desgarbado: el chico ‘des’ habla con su abuela. Una mujer en blanco y negro lleva equilibradamente su café sin café. El cocinero se sentó ahora al lado mío y yo, esperando a mi guapo...
Ya no espero nada...
Benito a contraluz sostiene una pizza. Unos cuantos bebés pululan por aquí como mariposas, mientras en la mesa grande, la número 13, hablan de cuando uno era monaguillo en la Iglesia local y el otro con el San Roque de personaje favorito.
Yo me piro. Me voy.
Un girasol me mira, se gira y me sigue. Las teclas del piano que suena me despiden... volveré y seré ALGO.