ella era
era ella la de las grandes hazañas. La de los actos milagrosos, imposibles. Ella era el personaje que respondía a yo cuando se miraba al espejo.
Veía sus ojos y esos pelitos en la nariz. Veía sus pecas y ahora se lima las uñas del pie.
Ella, la de las abruptas expresiones espontáneas, un día colgó las riendas, los guantes, se sacó las botas, tiró la toalla, se rasgó las vestiduras, dejó correr el velo, hundió sus pies en el agua y abrió los ojos debajo. Ahora vería el techo y allí: la respuesta.
BLANCO.
Era el vacío. No había nada. Ni una mancha. Unas burbujas se veían acopladas a sus pestañas. Ella no las ve. Las veo yo.
Hay inseguridades, pero yo está más fuerte ahora, se mira más al espejo, y la luz que le devuelve es naranja. Todo lo demás en su vida: verde.
Yo se baño en un lago verde con un guapo de ojos verdes y un coche azul.
