Del árbol del paraíso en la esquina del patio de la cárcel se había desprendido ya la última flor en forma de trompeta que sonaba bajito.
Las demás quisieron ser instrumento pero el viento les jugó una mala pasada y terminaron víctimas de la suela gastada de alguno de esos que no se cansan de dar vueltas.
En este patio todo da vueltas siempre. Las hojitas se desprenden y alguna que otra flor la sigue.
Pies dentro de zapatos dentro de baldosas que se juntaron hace tiempo y hoy albergan tierra y hormigas.
Siempre vuelven. Los mismos hombres con las mismas letras que se conocen, viven unidas, forman palabras que luego son frases que repiten la vieja idea de seguir andando el camino ya marcado.
Son lenguas que modulan, rozan dientes y encías como las hojas olvidadas de la esquina donde nadie sabe qué tantas vueltas darán las raíces que alimentan el tronco que no da vueltas pero tiene vida.