“Permítanme ser tonta y ridícula, probablemente vaya mejor con mi manera de vestir...”
Esta frase tiene su origen en un capítulo de Ally McBeal que vieron una noche Carola y Carlota. La que, de vez en cuando, les gusta acotarla en situaciones tontas y ridículas como la frase (aunque simpática e ingeniosa, no?)
La forma de vestir, Carlota la analizará luego. Pero, el hecho de sentirse tonta y ridícula, tendría que ver más bien con algo que lo lleva metido dentro. Mucho más que un par de zapatos o sus bragas.
No entiende muy bien todavía porqué le gusta tanto dar explicaciones (tontas y ridículas) de lo que hace, piensa o deja de analizar.
Ya hablará más, pues está gastando el tema y no le ve demasiado sentido en continuar intentando explicar su manera de ser. Analizando sus excusas e idioteces a la hora de pretender ser sociable, y comunicarse así con la gente.
No es común que se le ocurra hablar de nombres de calles o hacer un inventario de cartones. Hablar sola y en voz baja. Dar vueltas como en calesita alrededor de respuestas mucho más sencillas.
Carlota considera que no habla tanto. Cree ser más observadora siempre. Sin embargo, siente que al final, termina hablando demasiado...
Necesita una opinión desinteresada. A veces se pasa horas y horas hablando mentalmente con la gente.
Con su familia un poco.
Con sus amigos otro tanto.
Muchas, sólo consigo misma.
El problema es que todavía no hay gente con quienes practicar la telepatía y que la entiendan. A veces se dificulta en extremo la comunicación con el mundo exterior y el resto de sus habitantes.
No se si llega a sentirse el vientito de esa tormenta interna, si sus complicadas vueltas de tuerca cerebrales se contagian.
Pero luego, es verdad que se siente bien. El camino está más claro, más abierto. Sus pasos van más seguros.
Aún así, las neuronas no se cansan nunca... qué energía, no?

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