Alguien tendrá que llevar la historia de la familia, y no seré yo quien lo haga. Me pregunto quién.

Si uno de los tres sobrevivirá al resto, quién de nosotros será. Y quién partirá primero.

Una cosa que lleva a la otra. Una cosa como causa de otra. Qué cosa.

Una hoja totalmente blanca sin líneas horizontales ni verticales inspira más que una hoja cuadriculada.

A veces –muy a menudo últimamente – no entiendo cuando la gente habla.

Suceden las cosas cuando espero que no sucedan y cuando las espero no suceden.
(...o tardan en suceder...).

El agua siempre sale o muy caliente (que te produce quemaduras de primer grado) o muy fría (que hace que tengas hipotermia).

Resulta difícil mirarse al espejo y encontrarse satisfecho con lo que uno ve reflejado.

Siento que hablo todo el tiempo, y cuando tengo que hablar, sigo conversando solamente conmigo.

Siempre tengo ganas y cuando tengo que tener ganas – como siempre – no tengo ganas.

No puedo hablar con la gente que quiero hablar, y con los que no quiero tanto o me da igual, hablo constantemente.

Siempre falta tabaco cuando no tenemos dónde ir a comprarlo, ni ganas de bajar para conseguirlo.

Pienso que voy a ser yo quien sobreviva al resto.

Tengo incertidumbre. Pienso siempre en lo que piensen los que me sobrevivan cuando descubran cómo realmente era, qué realmente pensaba, hacía, quería.

Algunas –muchas – de las cosas las hablo conmigo mismo... está mal acaso dejar las cosas en familia?

Pero, es cierto que luego, me muero por hablarlas con los demás – ciertos demás – .

Tengo que ser tan obvio y dejar rastros tan evidentes como un libro abierto.

Uno tiende a generalizar pluralizando inseguridades de uno. Tercerizamos lo propio. Nosotreamos.

Las personas esponja son fenómenos absorbentes.

Un cigarro y a la cama – y son dos, tres... la caja?