En este valle de pasto y agua los peces demostraron ingenio para llegar. Nacen, viven y mueren al borde del camino mientras un kavureí desde su poste de luz, ve al polvo pasar como aliento pesado invadiendo el campo.
Los takurúes se alzan accidentando la geografía donde un toro sin un cuerno pasta.
A Dalmacio la naturaleza le pintó un ojo y Dalmira es ese papel con un montón de gotas de tinta encima.
Dalmacio tiene abierta la herida que Dalmira con paciencia le lame. Luego de andar tanto, pasar lianas enredadas en pasto de tréboles, troncos caídos, árboles y raíces abiertas que desnudan intimidad; estos manchones de negro sobre blanco hunden sus hocicos en el charco que ya es arroyo de lluvia en los humedales.
Helechos de brazos verdes se saludan y dan abrazos con el viento, dejan ver así como una tela de araña enciende sus hilos al sol, intentando atrapar a alguna mosca desprevenida.
Las urracas eligieron una rama cada una y se pusieron a charlar todas juntas, pero a los cebúes nada parece importarles. Con esos ojos de vidrio sólo miran lo que tienen enfrente.
Dalmacio descansa ahora, mientras una mariposa prueba sus alas desde una hoja.
Hay árboles de raíces casados hace tiempo ya, son hoy inseparables.
Las ovejas en rebaño evangélicamente pasean dando idea de tiempos de fábula y la familia de Dalmacio y Dalmira pareciera que escaparon hace bastante a Cruela.
Son curiosos como gatos, aunque acá no hay ni uno.
Andan en patota y hasta se pelean entre sí, pero luego la perrada sigue junta y juntos se dan calor, lamidas y alguna que otra cosa más.
También hay palomas que parecen pavos, al volar relinchan como caballos y no traen paz.
El viento hamaca a la hamaca con sus pompones entregados meciéndose de un lado a otro.
De siesta todo se mueve en cámara lenta. Hasta mis pasos están cansados. El barro en el camino dibujado por tanta huella se queja al paso de tantos zapatos.
Dalmira todavía no encuentra acomodo y luego de unas vueltas, mover la cola y morderse alguna pulga termina rendida sobre las baldosas calentitas por el sol.
Las urracas se turnan ahora para conversar. El viento trae vagos mugidos del campo y algunas vacas toman sombra.
A la tarde el aire granulado se condensa y las imágenes capturadas en la retina son postales que unidas forman cine mudo.
Dalmacio mueve la cola, acerca la nariz mojada y lanza un ruido parecido a un pedido de afecto. La pastura habla y Dalmacio escucha. Unos mimos detrás de la oreja y baja la cola, no opone más resistencia. Baja el sol, para la oreja, se pierde en el pastizal y los teros alzan vuelo.
La pequeña sabana de América muestra sus colores. Pasto como azafrán. Motas negras en un blanco con tierra de Dalmacio y Dalmira que estéticamente pasean. El monte verde oscuro y mis deseos a esa naranja que se va escondiendo, que se va perdiendo en el horizonte.
Todo pasa y no aquí en Natividad mientras rodeada de sombras como árboles en círculo me zambullo en el tajamar de lucecitas de estrellas.
Olor a verde, sonido a campo y el viento fresquito que no despeina.
Nuevamente la velita alumbra la ventana, una guitarra hace cosquillas al oído y Dalmacio y Dalmira ladran a la oscuridad.
El humo escapa a la llama y las estrellas se quedan atascadas en los ojos. Me los arrancaría hoy, guardaría imágenes, hojas, raíces, troncos, estrellas, Dalmacio y Dalmira, envolvería todo esto y te lo daría.

Kavureí: Lechuzas pequeñitas que son muy comunes en el campo paraguayo, y que en guaraní –lengua nativa de uso oficial en Paraguay – significa lechuza.
Takurúes: hormigueros que forman como pequeñas montañas que pueden llegar a ser bastante altas.
Cebúes: ganado vacuno. Es una raza o tipo particular de ganado, de piel blanca y con una joroba.