Buen día padre Sol, buen día hermana Luna que ahora no te veo. Buen día madre Tierra. La Pacha Mama es aquí más mediterránea, no tan roja sino blanca, negra y azul. Hoy veo, desde la ventana del coche, una palmera Real y quiero sentir el olor a flor de coco que supuestamente me llega con el aire frío de aquí: vivificante.

Mis palabras no son ni siquiera las acertadas. Tratando de ser consciente y estar en el ahora, hay una ráfaga de pensamientos que se escurren

y se me caen por los tobillos.

Estoy de pie, sobre mi monolítico tótem particular de piedra naranja de desierto colorado de esa Tierra que ahora ya no es tan desconocida, más bien es recordada, y hoy pasa por aquí, cerquita nomás de mi músculo verde tuna; y yo, sentada encima, con mis piernas cruzadas, la izquierda sobre la derecha, un arco iris como media sonrisa, media Luna durmiente; y yo, allí como una flor.